Gabriela Martínez presentó ” Disolución”

 

Yo / Gabriela Martínez

 

Joan Copjec dijo lo siguiente en relación a Antígona y su necesidad (entendida como perseverancia) de darle entierro a los restos de su hermano aún en contra de la voluntad (reconocida como fijación) de Creonte y su ley: “Cuando alguien muere deja atrás su lugar, un lugar que lo sobrevive y que no puede ser ocupado por nadie más”.

En un mundo donde todo insiste en desaparecer (desde el trabajo hasta el cuerpo, por citar sólo dos elementos importantes de la modernidad), únicamente lo desaparecido permanece. Seguramente Joan Copjec no se hacía una pregunta acerca de la naturaleza de la huella y el carácter de la disolución en la obra de Gabriela Martínez y Martínez, pero en una idea de lo social que no sólo abarca a los individuos y sus relaciones entre sí, sino también, y acaso de manera más preponderante, a esos mismos individuos y las relaciones que establecen con los lugares vacíos e imposibles de ocupar que dejan los muertos, hay algo que nos obliga a ver al mundo desde un revés inquietante y natural a un tiempo: el lado donde ha quedado la marca de lo que ya no está. El lugar de la traza. La confirmación de lo que estuvo. El carácter indestructible de lo que es. Lo que importa en esa manera de mirar no es lo que está, sino ese otro mítico a punto de no ser que es todo fragmento. “Lo social se compone”, aseguraba Copjec, “no sólo de aquellas cosas que desaparecerán, sino también de relaciones con lugares vacíos que no desaparecerán”.

Esto: el lugar que se dice (¿qué se sabe?) vacío porque ha sido ocupado, ciertamente, y porque dicha ocupación, al ser plena, ha dejado marcas que no cesan de significar. Imborrable es un adjetivo atroz. Las imágenes abundan: el lipstick, por ejemplo, alrededor de la taza de té ya sin líquido; las texturas que anuncian el roce de un dedo; el agujero a través del cual pasó algo; las arrugas que deja en la silla el que acaba de partir. Los objetos partidos a la mitad, las astillas, un mugrero. El recuerdo. Lo que no está tiene sus maneras curiosas de hacerse notar. “Brillar por su ausencia” es un dicho, sin duda, espectacular.

Si la teoría de la socialidad copjeciana es cierta, entonces habríamos de tomar más en serio nuestros trasiegos con el fantasma que es toda huella. ¿Y quién no ha sentido el aliento tibio de lo que no está justo dentro del pabellón de la oreja derecha? ¿A quién no lo ha sorprendido la sombra que, asustada de sí, corre con gusto hacia el más allá? ¿Quién no ha entablado largas conversaciones con seres transparentes y menudos creyendo que habla solo en un pasillo del supermercado? Lo que no está es un campo magnético; el imán que no dejará de atraer la mejor de nuestras energías hacia su centro. Lo que no está nos obliga a dar. En el momento menos pensado, eso que no está nos induce a ver. Como un eco apenas perceptible pero constante, esos trasiegos con lo que no está van configurando una cronología subterránea y, punto a punto, paralela a la vida de todos los días. Más invisible entre más cierta, y viceversa. Supongo que esa es la razón principal por la cual soñamos. Tal vez es, incluso, la razón por la cual escribimos y, en el caso de Gabriela Martínez, la razón por la cual pintamos. Los muertos.

Cristina Rivera Garza

Junio 2011

 Presente del 14 de julio al 14 de agosto, 2011.  Horario 10hrs-20hrs.

Colección presente enla GaleríaLibertad, , ubicada en el andador Libertad, Plaza de Armas, Querétaro.

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