Itsmo

EL ISTMO
8axaca
El Istmo de Tehuantepec es la parte más estrecha del territorio nacional. En el territorio que pertenece a Oaxaca, la región del Istmo está conformada por los distritos de Juchitán y Tehuantepec, que abarcan 41 municipios en una superficie de 19,975 km2. Es una región de rico mestizaje cultural en la que el grupo étnico predominante es el zapoteco, aunque también está habitada por comunidades huaves, zoques, mixes y chontales. La región limita al norte con la Sierra Norte y con el estado de Veracruz, al sur con el océano Pacífico, al este con Chiapas y al oeste con las regiones de la Sierra Norte, la Sierra Sur y una porción de la Costa. [01] [02] [03] [04]
El relieve de la región se caracteriza por el declive de la Sierra Madre del Sur y la Sierra Madre Oriental, esta se diluye en suaves elevaciones que se conectan con la Sierra Atravesada, ubicada en el distrito de Juchitán con alturas promedio de 700 m. El clima es predominantemente tropical, en ocasiones abrumador, lo que estimula el cultivo de frutas como el mango, el tamarindo, el nanche, el chicozapote, el coco, el plátano, la naranja, la papaya y el limón. [05]
Las montañas más altas son el Cerro de San Miguel Chimalapa o de la Fortuna (2,250 m.) y el Cerro Baúl (2,028 m.), en el distrito de Juchitán; y los cerros de San Pedro Sosoltepec (2,450 m.), de Lachiguiri o las Flores (2,150 m.) y de Tlacotepec o Indio Dormido (1,250 m.) en el de Tehuantepec. En este último se localizan los históricos cerros de Guiengola (1,070 m.) y el del Tigre (127 m.).
En la Sierra Atravesada se encuentra la selva de los Chimalapas, lugar en el que coexisten poblaciones vegetales de selva alta, media y baja, bosque de montaña y bosque tropical. La selva es una importante reserva biótica del país. La vegetación y los animales de este sitio enriquecen la diversidad que caracteriza a Oaxaca, con especies como ceiba, guanacastle, cedro, castaño, caoba, palo mulato, palo de campeche, vainilla, encino, nanche, pino. Entre los animales se encuentran puma, tapir, pecarí, venado, especies de monos, murciélagos, conejos, aves como pericos, loros y codornices. Se calcula que en los Chimalapas habitan 150 especies de mamíferos, 350 de aves, cerca de medio millar de mariposas, así como decenas de variedades de reptiles y anfibios.
Los ríos de la región se agrupan en varias cuencas: la del río Tehuantepec y la del río de los Perros son las principales, pero también están las del río Santo Domingo, la del río Niltepec, la del Zanatepec-Ostuta, la del río Novillero y la del río de las Arenas. La cuenca del Tehuantepec nace en la Sierra Sur, en las montañas de Miahuatlán, se alimenta de los escurrimientos procedentes del distrito de Tlacolula así como de ríos de Yautepec, principalmente los de Nejapa y Tequisistlán. Este caudal confluye en la presa Benito Juárez, de donde sale con el nombre de río Tehuantepec, pasa por la ciudad del mismo nombre y desemboca en la bahía de la Ventosa, a un costado del puerto de Salina Cruz. El río de los Perros, llamado así porque ahí existió una colonia de nutrias (perros de agua), se forma con corrientes que provienen de la Sierra Atravesada y desemboca en la Laguna Superior, después de atravesar Chihuitán, Ciudad Ixtepec, Ixtaltepec y Juchitán. Los demás ríos son de cuencas cortas. [06]
En las costas del distrito de Juchitán se localizan varias albuferas, las principales son: la Laguna Superior, la Laguna Inferior, la Laguna Oriental y el Mar Muerto. Los pueblos que viven en las proximidades, principalmente los huaves, se dedican a la pesca del camarón. Otros cuerpos de agua son los manantiales de Laollaga y Tlacotepec, sitios próximos a Ciudad Ixtepec que nacen en medio de ahuehuetes, sus frescas y transparentes aguas reconfortan al visitante. [07]
Actualmente sólo existe una carretera que comunica directamente a la ciudad de Oaxaca con el Istmo de Tehuantepec: la carretera panamericana (190). Esta ruta atraviesa los distritos de Tlacolula y Yautepec y desciende suavemente a las tierras bajas donde se encuentra la presa Benito Juárez. Prosiguiendo por esta ruta se llega a la puerta del Istmo: la ciudad de Tehuantepec y su vetusto puente de fierro, donde una visita al mercado brinda una idea de la forma tan intensa en que se vive. Hacia el sur sale una carretera que llega a Salina Cruz, desde donde se puede viajar hacia el oriente por caminos vecinales para visitar el pueblo huave de San Mateo del Mar; y hacia el poniente para tomar la carretera costera rumbo a Huatulco, la cual atraviesa territorio chontal. [08]


Desde Tehuantepec se puede continuar viajando por la carretera Panamericana para llegar a Juchitán, donde las fiestas de mayo son una continua manifestación de las arraigadas costumbres como la tirada de frutas, las velas y las lavadas de olla. Al igual que Tehuantepec, Juchitán es un punto neurálgico en la economía de la zona. Durante muchos años ha sido el punto de referencia económica para pueblos ubicados al noroeste como Espinal, Ixtaltepec, Chihuitán y Guevea, comunicados todos ellos por carretera. En este rumbo se encuentran los balnearios de Tlacotepec y Laollaga.
Al salir de Juchitán en ruta hacia Chiapas, la carretera atraviesa la parte sur del distrito y abandona el estado en el municipio de San Pedro Tapanatepec.
Existe otra carretera que articula la región: la Transístmica (185), que comunica los puertos de Coatzacoalcos en el golfo de México y Salina Cruz en el Pacífico. Entronca con la Panamericana en La Ventosa, sitio próximo a Juchitán, caracterizado por la fuerza de los vientos que azotan la planicie. Es tal su potencia que la Comisión Federal de Electricidad cuenta con estaciones eólicas para generar energía. La Transístmica cruza de sur a norte el distrito de Juchitán, por ella se puede llegar a Matías Romero y es el camino que se sigue para visitar los pueblos mixes y zoques de las tierras tropicales.
A partir de las carreteras Panamericana y Transístmica se pueden tomar caminos vecinales que permiten llegar a la mayoría de los pueblos de la región.


NOTAS HISTÓRICAS

El vestido en el siglo XVI.
La Relación de Teguantepec (1580) hace alusión a una de las provincias más extensas en la administración de Antequera, en la que se hablaban las lenguas chontal, mixe, mixteca, náhuatl y zapoteca, esta última la más generalizada. Debido a que la Relación se elaboró en un plazo de dieciséis días, las referencias que sobre la indumentaria presenta seguramente se refieren a la villa de Teguantepec, sitio en el que se redactó el informe. Así, la indumentaria indígena que se describe habla de telas de algodón y de gente prácticamente desnuda, lo cual se comprende por el cálido clima de la región:

“Y (dicen) que el traje que los naturales desta p(r)ovi(nci)a traían antiguamente era a la manera de una turca, sin mangas ni collar, de manta de algodón, y pintadas al modo que entre ellos se usaba. Y el d(ic)ho traje llegaba a la rodilla y, a los principales, les llegaba hasta el suelo, y otros andaban en cueros, con un braguero solamente para tapar sus vergüenzas. Y que no usaban de sombreros, y que (se) dejaban crecer el cabello de la cabeza en tanto grado como ahora lo traen las mujeres, y se los trenzaban y traían colgados. Y (dicen) que las indias sus mujeres andaban vestidas de una manta y camisa que, entre ellas, llaman HUIPIL y “naguas”: y toda esta ropa era de algodón.”

A semejanza de las demás Relaciones, esta señala que en la segunda mitad del siglo XVI ya era evidente la influencia española en el vestir, la gente andaba más cubierta y su indumentaria era “mejor”, según se precisa:

“Y (comentan) que, al presente, los naturales desta villa y provi(nci)a al p(re)sente andan más bien tratados que antiguam(ent)e, porque traen su camisa y jubón, y zaragüeles y sombreros, y una manta que sirve de capa, atada sobre el hombro, y que los más de los d(ic)hos vestidos son de lienzo de Castilla. Y algunos principales suelen vestirse, y visten, al traje de los españoles, con su capoye, sayo y zaragüeles de paño y jubón, sombr(er)o y botas. Y las mujeres traen el mismo traje que traían antiguam(ent)e, pero mejores vestidos. Y ahora traen paño en la cabeza de lienzo de Castilla, y esto cuando van a la iglesia, y andan, ahora, más limpias que no solían, y, algunas, se calzan servillas de cordován.”

La indumentaria a finales del siglo XVIII.
Las Relaciones del siglo XVIII relatan el uso de ropa de manta, aunque refieren el uso de sedas, encajes, oro y plata. Es el caso de Santa María Jalapa del Marqués, sitio del que se precisa:
“Los adornos, divisas o insignias que usaban en tiempo de la gentilidad no hay resquicio de poder venir en conocimiento de algunas de esas divisas. Los trajes modernos que usan en este territorio de Jalapa son de cotón y calzón el que llaman ordinario para trabajo.
“En los subalternos principalmente donde hay cochinilla que para acá la conocen por grana, los días festivos usan camisa y chupa de lienzo, con calzones hasta de terciopelo y guarnecidos con ojales y franja de plata u oro, capotes hasta de paño de Castilla y algunas alhajitas que usan los españoles. Las mujeres para los días de fiesta usan hasta de la ropa de China para enaguas y huipiles de algodón y seda compuestos con encaje, listón de tela, lentejuela, aunque el tocado es disforme respecto a ser de cordones de lana negros que por acá se nombran tlacoyales.”

Llama la atención que se haga mención del uso de tlacoyales, pues en la actualidad no quedan rastros de dicho accesorio entre las mujeres zapotecas del Istmo, ni entre sus vecinos huaves, chontales, mixes y zoques.

Las vísperas del siglo XX.

La riqueza y colorido de la indumentaria que actualmente caracteriza a la región del Istmo de Tehuantepec, ha sido resultado de un proceso de intercambio comercial y cultural que se intensificó a partir de la segunda mitad del siglo XIX y adquirió mayor impulso con la llegada del ferrocarril y el arribo de viajeros y comerciantes.
Uno de los viajeros que a principios del México independiente visitó Tehuantepec fue el francés Mathieu de Fossey. En esos años la población contaba con seis mil habitantes y la principal actividad de sus vecinos era el cultivo del añil y la extracción de su tinte. Fossey describe el proceso de obtención de este tinte y del caracol púrpura, que se recolectaba en las rocas de las lagunas del Istmo Tehuantepec. Con este colorante las mujeres de la región teñían sus enaguas. Respecto al uso de la ropa tradicional, el francés señala:

“….. que sin duda es el más elegante de América, sin exceptuarse el de las limeñas…. El vestido de las tehuantepecanas consiste en una saya de muselina o de gasa, guarnecida de grandes holanes o aun de flecos de oro, afianzada en las caderas con una banda de seda; luego viene el huipil con mangas cortas, que se amolda fluctuante en el pecho, dejando destapada parte de la cintura. Este huipil es de muselina bordada o de un género de color liso; pero llevan otro más, siempre de muselina blanca, en la cabeza, de modo que haga la guarnición del cuello un marco encerrando la cara, y caigan por delante las dos mangas hasta la cintura y por detrás hasta la mitad de la espalda. El conjunto de este vestido, del todo adecuado a realzar los atractivos de una joven, conserva a las mil maravillas todas las formas del cuerpo, a la vez que es rico y airoso.”

Al llegar a Tehuantepec, Starr fue sorprendido por la vitalidad y colorido del mercado, así como por la libertad y gracia de las mujeres, favorecida por su vestido típico del que apuntó:

“El huipilli es un corpiño holgado en el cuello y los brazos, y tan corto que rara vez llega hasta la cintura, que es, por supuesto, adonde debería llegar. Es de algodón brillante –rojo, café, morado, con rayas o manchas blancas-, con hilvanes de seda amarilla en el cuello. La enagua, o falda, es una tira de algodón pesado, de una yarda de ancho, que se enrolla alrededor del talle y cuelga de la cintura; un cinturón o faja de colores brillantes lo sujeta en su lugar. Por lo general la enagua es de color rojo, aunque algunas veces es morado-violeta y llega un poco más abajo de las rodillas. Como por lo general la enagua y el huipilli no llegan a tocarse, las mujeres usan una banda más ancha o más angosta de color café oscuro para separar las dos piezas. Van descalzas y con los brazos descubiertos, sutilmente torneados y bien desarrollados. Pero el artículo más llamativo del traje típico de la mujer de Tehuantepec es su huipil, que los viajeros tienden a describir como un tocado, aunque en nada se le parece. En realidad es una prenda con mangas que llega hasta la cintura. Está hecho de encaje, algodón o lino, y el cuello, las mangas y el margen inferior están ribeteados con gorgueras anchas de encaje plisado. El huipil sólo se usa en la iglesia, en ocasiones importantes o en rituales. Por lo general, la que lo usa en la iglesia se coloca la prenda por la parte superior del cuerpo, pero sin pasar los brazos por las mangas, ni la cabeza por la abertura del cuello; únicamente acomoda la cara en esta abertura de manera que parezca estar enmarcada en una orla ancha, ovalada, bien almidonada de encaje plisado. Habitualmente esta prenda no se usa de este modo, sino que se voltea al revés y se deja colgar descuidadamente sobre la cabeza, de manera que caiga la orla inferior ancha, de encaje, sobre el cuello y que cuelgue por la espalda la parte superior de la prenda, con las mangas, el cuello y las gorgueras. A las mujeres zapotecas les gusta lo decorativo, pero particularmente las monedas de oro. En el pasado, cuando Tehuantepec era más importante que ahora, con frecuencia se veía a las mujeres en este mercado con varios cientos de dólares en monedas de oro colgando de sus collares. Sin embargo, en estos días de poco comercio y tiempos difíciles, estas decoraciones ya se han gastado en otras cosas, y es raro que uno pueda encontrarse con mujeres que porten el equivalente de más de veinte a cincuenta dólares.”

Acerca de su vista a los huaves, que consideró una de las más interesantes de todo su viaje, Starr refiere que durante el viaje de Tehuantepec a San Mateo del Mar su equipo y él se perdieron. Por este motivo el viaje fue especialmente largo, cuando finalmente se aproximaron al pueblo, se cruzaron con gente que casi no llevaba ropa: “Los hombres iban con taparrabo y sombrero, las mujeres llevaban una falda, pero nada en la parte superior. Los niños de hasta diez o doce años corrían desnudos.”



LAS MUJERES DEL ISTMO

La imagen de la mujer zapoteca del Istmo ha captado la atención de viajeros, artistas e investigadores, quienes han dedicado tiempo al conocimiento de sus costumbres, tradiciones y formas de organización, así como a estudiar sus principales manifestaciones culturales entre las que la lengua y la indumentaria tienen un papel esencial. Así se refleja en el texto que Miguel Covarrubias escribió a mediados del siglo XX, donde expone algunas de las características del vestido de la mujer zapoteca; otra referencia es el ensayo de Margarita Dalton, que enfatiza el prestigio y la riqueza que implica la posesión de alhajas de oro por parte de la mujer istmeña. El tercer texto que se incluye habla de los huaves y fue escrito por Carlos Basauri al finalizar la década de los años treinta del siglo pasado.

El sur de México
El vestido de las tehuanas es uno de los mayores atractivos del país; es tan pintoresco y encantador, elegante y fascinante, que aviva el llano y árido panorama con brillantes tonalidades de color y con siluetas joviales y agraciadas. Hace que toda mujer zapoteca se convierta en una reina….. Los poetas zapotecas jamás se cansan de halagar en sus poesías el porte y distinción de sus mujeres. De todo México es el traje regional de mayor popularidad y belleza y ninguna comedia musical o carnaval en la ciudad de México podría estar completo sin algún destello de las tehuanas sintéticas. Para el ciudadano promedio mexicano, una tehuana es tan romántica y tan atractiva como lo es una joven del Mar del Sur para un adolescente americano. [09]
Es difícil creer que las mujeres primitivas indígenas del antiguo Tehuantepec se preocupasen a tal grado por su vestimenta y tuviesen ese fanatismo por la moda, su propia moda, como sus hermanas civilizadas del norte. Al igual que entre nosotros, estas mujeres tienen fama de tener una gran pasión por las telas costosas y vestidos de gran colorido; tienen reglas definitivas e incambiables sobre lo que es correcto e inadecuado en el vestir y sobre aquello que se debe usar para determinada ocasión. Más aún, la moda varía, misma que observan con gran escrúpulo, una característica poco usual para comunidades rurales y conservadoras. La suya es una sociedad femenina, dirigida por y para las mujeres, quienes trabajan con gran tesón para invertir el dinero adquirido en comprar sedas, encaje, terciopelo y moños. Hay momentos en que trabajan durante largos meses para confeccionarse ellas mismas sus vestidos y bordar su ropa con tal exquisitez y elegancia hasta llegar a sentir una gran satisfacción al estar bien vestidas, para provocar la envidia del resto de las mujeres e incidentalmente para llamar la atención de los hombres.
En Tehuantepec, los modelos pertenecientes al año anterior no favorecen la imagen de la mujer como una persona brillante de la comunidad. Trátese de una terrateniente privilegiada, de una joven descalza hija de un campesino o de la esposa del mismo, una tehuana no sólo debe portar lo más exclusivo sino también lo último en la moda para presentarse a las múltiples festividades. Aunque sólo perciban unos cuantos centavos diariamente en el mercado al vender flores, fruta, chocolate o queso y aún cuando vivan en una casa hecha de lodo y de paja, la mujer ahorra, se presta a trabajar como esclava y de este modo logra comprar para sí un vestido a la última moda para destellar en el próximo baile o para “dejarlos muertos” en el festival del pueblo vecino. Diariamente se observa cómo mujeres de diversas edades pasean portando vestidos tan ricos y elegantes, llevando sobre su cabeza grandes canastos de frutas y de flores, que es imposible creer que sólo vayan al mercado o que simplemente se dirijan a sus hogares después de un arduo día de trabajo.
Para ceremonias especiales, las mujeres vanidosas zapotecas de edad avanzada se procuraban faldas costosas de caracol, teñidas con púrpura encendido completamente permanente, obtenido del excremento de un caracol muy peculiar. El hilo que se emplea para tejer estas faldas está teñido por los indígenas chontales de Huamelula y Astata, poblados pequeños ubicados en la costa rocosa y desolada del Pacífico. Dos veces al año, en cierta fase de la luna, estos indígenas se hacen a la mar y enredando en sus antebrazos las madejas de hilo de algodón que habrán de teñirse, se dedican a buscar las grietas y las rocas donde se encuentran minúsculos caracoles. Capturan a los moluscos que se encuentran en las rocas con sumo cuidado para no dañarlos, ya que su especie se está extinguiendo y posteriormente soplan con fuerza al molusco para irritarlo, de modo que pueda secretar el tinte viscoso que reúnen con el hilo. Posteriormente y sin hacerle daño, ponen el molusco de nuevo en su lugar, del cual habrán de extraer en otra ocasión aquel líquido viscoso. El agua de sal y el sol se encargan de hacer el resto: el color cambia de amarillo limón a un verde pálido y finalmente se convierte en un hermoso púrpura encendido. El hilo teñido de caracol es muy raro y costoso, de modo que los tejedores de Tehuantepec cuentan con una gran lista de señoras que esperan ansiosas y que están dispuestas a pagar de cincuenta a cien pesos, el equivalente al sueldo mensual del esposo o hijo, para adquirir una de estas faldas de color púrpura.
Pese al olor tan desagradable, como el de pescado podrido, que se adhiere al hilo teñido con caracol aún después de haberse lavado un sinnúmero de veces durante muchos años, hay una gran demanda por dichas faldas. De hecho, las mujeres afirman que el olor les agrada puesto que es una muestra definitiva y absoluta de la autenticidad de las mismas. Toda tehuana respetable que gusta del buen vestir posee una falda teñida con caracol y jamás se atrevería a venderla, aun a cambio de su valor en oro. Están tan prendadas de estas faldas que con frecuencia mencionan como uno de sus últimos deseos el ser enterradas a la hora de su muerte con una falda púrpura, puesto que están plenamente seguras de que el hilo teñido con caracol jamás se pudre.

Alquimia de prestigio: El oro y las mujeres del Istmo.

Las zapotecas del Istmo y el oro.
Las mujeres zapotecas del Istmo han encontrado en el oro un objeto de poder, de prestigio y de representación. Si bien las mujeres manejan la economía de los mercados y el movimiento del dinero, lo hacen de común acuerdo con sus esposos y familias. Personalmente no poseen tierras, ganado, grandes empresas, o lanchas para pescar (con pocas excepciones), pero sí poseen trajes y joyas, como cosa propia. El oro empezó a volverse de uso común para las mujeres zapotecas istmeñas no hace más de cien años. Es muy probable que el oro adquiriera mayor relevancia durante las guerras que se llevaron a cabo en el siglo XIX. Pero su popularidad, en el Istmo, creció en el siglo XX, a partir de la Revolución de 1910.
La llegada de los soldados de Maximiliano primero y después de los comerciantes europeos y americanos, puso en circulación distintas monedas.
Los nombres de las monedas que se encuentran en las joyas istmeñas, y las imágenes que en ellas aparecen, nos cuentan una historia. Los maximilianos, la reina Victoria, los dólares de oro, cada una de estas monedas trae consigo el símbolo del país al que pertenece. Los franceses, ingleses y los norteamericanos que en los últimos 150 años han estado interesados en el Istmo y sus riquezas, han dejado a través de sus monedas la historia de sus intereses.

Alquimia de prestigio.
La elaboración de las monedas de oro, la búsqueda, el valor real de cambio y el valor simbólico se han ido transformando con los años. La herencia ha vuelto la presencia del oro en el atuendo de las mujeres una necesidad de prestigio y presencia. El oro entre las zapotecas del Istmo, además de su valor real, tiene un valor simbólico de prestigio.
Las abuelas zapotecas a sus nietos y nietas no les regalan dinero sino que siempre les regalan algo de oro (como onzas y medias onzas), para que los guarden y aprecien. Es una forma de obtener reconocimiento sea por el trabajo personal de quien lo porta o por el trabajo de sus ancestros que se lo heredaron.
Al casarse las hijas reciben de parte de su madre su dote en oro y esto puede ser un lote de joyas de oro: el ahogador, los anillos, algunas pulseras. Y esto, según me cuentan mis amigas, es una pequeña semilla para engrosarla con los años y entregarla crecida a la hija. El oro es una forma de ahorrar.

Las velas y el oro que danza.
Las fiestas tradicionales son las que mantienen el rito, el mito y la unidad de una cultura. En el Istmo, una de las representaciones más llamativas es la fiesta que llaman vela. La palabra vela tiene varias acepciones, una es la de pasar la noche en vela y otra son las velas para el altar de un santo. Quienes le dan a esta festividad un carácter religioso dicen que a la fiesta se le llama vela porque se relaciona con una festividad religiosa, consideran que es fundamentalmente una celebración pagana, dicen que sucedía con motivo del cumpleaños de algún miembro de la familia y que se pasaban en vela, sin dormir, toda la noche tocando la guitarra y cantando, y que ése es el origen del nombre. Cualquiera que sea el origen, lo cierto es que es una fiesta grande, donde la protagonista principal es la mujer que llega ataviada con su traje de terciopelo bordado y sus joyas. Otro protagonista de la fiesta es el oro. Es en el Istmo de Tehuantepec donde el oro aparece como fuerza y poder, en una mayordomía, en una vela. Son las mujeres quienes diseñan sus joyas y discuten con los plateros, orfebres y joyeros cómo las quieren.
La vela es un festejo en grande que lleva meses de preparación y todo mundo espera con un año de anticipación el acontecimiento. En una vela los trajes y joyas son una auténtica, elegante y civilizada competencia entre mujeres. Se ven avanzar las monedas engarzadas en flores, jardineras de centenarios formando soles, aretes hechos de ramilletes de moneditas de oro tintinean al son del baile. Las joyas son el lujo que lucen con donaire y galanura las istmeñas. Los nombres de las joyas: torzales, ahogadores, marías, cadenas con o sin broche, pulseras, cañas y medias cañas, esclavas, anillos de oro con incrustaciones de piedras preciosas. Cada una tiene su símbolo y es parte de un conjunto indispensable de piezas necesarias para adquirir prestigio y reconocimiento. La fiesta es el destino del arte y el momento de la subjetividad danzante, la demostración del poder y su universalización.
Para la mujer zapoteca del Istmo de Tehuantepec, sus trajes de gala y sus joyas de oro, especialmente centenarios, representan su seguridad y prestigio, y muchas veces son el fruto de su trabajo. Son motivo de orgullo y herencia que pasa de madres a hijas. [10]
Indumentaria y adorno personal
Los niños (huaves) andan desnudos hasta la edad de 12 años; los de mayor edad usan taparrabo y un lienzo en la cabeza. Cuando van al mercado o a Tehuantepec, visten cotón de manta blanca o camisa con mangas largas, calzón blanco y ceñidor negro o blanco con fajas azules o moradas; y tilma con bordados azules; cubren su cabeza con sombrero de lana negra, adornada con toquilla de galón plateado. Algunos calzan huaraches. Las mujeres, cuando no van desnudas de la cintura para arriba, visten cotoncillo sin mangas o huipil blanco con labores en la abertura del cuello, enagua de manta azul o morada. Tiñen los hilos de sus huipiles con caracol de mar y cubren su cabeza con otro huipil, al estilo tehuantepecano.
Los vestidos de las gentes acomodadas con más lujosos; los usan de seda las mujeres, y los hombres usan pantalones de dril fino de color blanco y sombrero charro de pelo. En cuanto a las gentes humildes, usan telas corrientes para la manufactura de sus prendas de vestir: cambaya generalmente las mujeres, y los hombres género blanco, que emplean en sus calzones, y sombrero de petate llamado en la región juchi y fabricado de palma especial.
Son muy amantes especialmente de las alhajas de oro; usan gargantilla de cuentas en disminución, las más grandes en el centro y las más pequeñas hacia atrás; gruesos lazos de oro con medallas o monedas precisamente americanas; anillos, aretes, etc.

LA INDUMENTARIA ACTUAL

La indumentaria de la mujer zapoteca del Istmo ha sufrido varios cambios hasta llegar a su diseño actual, el cual ha influido a sus vecinas huaves, zoques, mixes y chontales. En los mercados del Istmo se puede apreciar una gran actividad comercial, en ellos se venden diversidad de productos, desde comida y cerámica hasta costosas joyas de oro; en estos sitios las mujeres adquieren los insumos para elaborar su indumentaria o las prendas ya terminadas, con una muestra de diseños y composiciones.
La ropa de la mujer zapoteca del Istmo de Tehuantepec es una de las imágenes más difundidas de México. Ha aparecido en libros, revistas, películas, timbres y billetes. Debido a su riqueza y variedad, este vestido tiene varias presentaciones de acuerdo al pueblo del que se trate y al uso de la prenda misma. Ruth Lechuga hace una primera distinción entre vestido del diario y la indumentaria para las fiestas. El vestido del diario está compuesto por una falda amplia que llega a los tobillos y se confecciona con tela lisa o estampada, generalmente en colores llamativos pero también puede ser plegada y llevar un holán en la parte inferior, en cuyo caso se le da el nombre de “rabona”; debajo de la falda se usa un refajo blanco que se engalana con encajes. El huipil es corto y angosto, se elabora con tela industrial y su principal característica es que tiene una cenefa dispuesta en franjas concéntricas que se bordan con la máquina de coser. Este trabajo muestra una diversidad de diseños que reflejan la capacidad creativa de las bordadoras, pudiéndose encontrar prendas con figuras que parecen labradas y que cubren casi por completo el huipil. La indumentaria de gala se elabora con terciopelo o con telas sedosas, aunque también se están utilizando terciopelo artificial y telas de poliéster. La falda lleva cosida en su parte inferior un holán blanco plisado y almidonado. La prenda se decora y arregla con bordados que repiten los mismo diseños que el huipil. [11] [12] [13] [14] [15] [16]
En general se pueden encontrar dos tipos de diseño: geométricos o florales. Lechuga señala que existen tres técnicas para bordar estas prendas: “con máquina de coser; con un gancho que atraviesa la tela previamente estirada sobre un marco (bastidor) y produce una cadeneta hecha manualmente, y el bordado con punto relleno.” La composición final depende de las manos de la artesana, quien dará el tamaño, los colores, los tonos y las sombras adecuadas en el caso de los motivos florales; o buscará armonizar los colores de los hilos al usar la máquina de coser. Los bordados del huipil, las figuras y los diseños en él contenidos, son elaborados a propuesta de quienes los portarán, por lo que hay una continua innovación en los mismos. [17] [18]
Existe una prenda llamada huipil grande cuyo uso se estila en fiestas especialmente importantes o para asistir a la iglesia. Se elabora con encaje comercial de color que en el escote y en la parte inferior lleva sendos volantes plegados y además se le agregan unas mangas pequeñas de la misma tela del cuerpo del huipil. Tanto el holán como el encaje tienen un sólido almidonado. Según el momento, la mujer enmarca su rostro con el holán del escote que es corto o se cubre la cabeza con el otro holán que es de por lo menos veinte centímetros de ancho y que cae sobre la espalda. [19] [20] [21] [22]
El precio y los diseños de la indumentaria tradicional varían y, al mismo tiempo, definen la situación social y económica de quien lo porta. [23] [24]
Aunque el traje de la zapoteca ha sufrido muchos cambios, los más importantes se dieron con la llegada del ferrocarril a principios del siglo XX, lo que permitió adquirir con mayor facilidad y a precios más accesibles sedas, encajes, flecos y telas traídas de Europa. El movimiento económico de esos años también motivó que las joyas de oro empezaran a tener una especial demanda, llegando a formar parte esencial de la indumentaria por su valor económico y simbólico. Las prendas más comunes son anillos, pulseras, aretes, pectorales y ahogadores, muchas veces enriquecidas con monedas como victorias, centenarios y maximilianos. [25] [26]
Como se mencionó anteriormente, las zapotecas del Istmo han influido mucho en la forma de vestir de las mujeres de los pueblos vecinos. Zoques, chontales, mixes y huaves presentan ahora rasgos comunes en su indumentaria copiados de la vestimenta zapoteca, esto a pesar de que tanto huaves como chontales son herederos de una rica tradición textil. Las chontales tejían sus huipiles y los adornaban con hilos teñidos con caracol, mientras que las huaves usaban huipiles de algodón blanco de manufactura muy delicada, adornados con motivos zoomorfos hechos con hilo pintado con caracol y usando la técnica de brocado. En la actualidad las mujeres huaves tejen esta prenda para su venta pues ellas ya no las usan. También elaboran las primorosas servilletas en las que expresan una gran creatividad reflejada en las formas figurativas de plantas y animales. [27] [28] [29]

SAN BLAS ATEMPA
Grupo étnico: zapoteco.
Localidad: San Blas Atempa.
Municipio: San Blas Atempa.

Indumentaria femenina
El traje regional se compone de siete piezas: enredo, ceñidor, huipil bordado, huipil grande, un pañuelo, huaraches y alhajas, que se seleccionan de acuerdo con la ocasión.
El enredo está hecho en telar con hilos de algodón que pueden estar teñidos de colores morado con listas verticales de un tono amarillo-anaranjado o con hilo rojo al que se le intercalan listas azul marino o también en una combinación azul marino y listas blancas cuyo tejido es más suelto por lo que se le designa de “colador”; esta última prenda la utilizan las personas más pobres mientras que el rojo es de uso más común para las actividades diarias, reservándose el morado para las ocasiones especiales. El ceñidor es una tira hecha en el mismo telar que se ocupa para fijar a la cintura el enredo. Las mujeres jóvenes han sustituido esta prenda por una falda elaborada con tela comercial generalmente de un solo color y que consta de ocho cuchillas angostas por la parte que va a la cintura y más anchas en el ruedo, las que se unen para formar una falda cómoda por debajo de la cual se utiliza un refajo. Otra prenda que suele ser utilizada en las actividades cotidianas es la llamada “rabona” que consiste en una falda de tela de algodón muy ligera que lleva en la parte inferior un holán de la misma tela y que suele adornarse por arriba del holán con alforzas que ayudan a darle cuerpo a la prenda. Esta falda requiere el empleo de un refajo de tela blanca adornado con encajes.
El huipil se borda con cadenilla sobre tela industrial de color lisa, es corto y generalmente deja descubierta la cintura. El huipil grande se elabora con encajes de colores según el gusto de cada mujer, en la orilla inferior lleva un holán blanco tieso y en lo que sería el cuello de la prenda lleva otro holán pero más angosto y plisado.
El pañuelo hizo las veces de monedero para la mujer quien guardaba sus billetes o monedas en el centro, lo amarraba y se lo ponía en la cintura por dentro de la falda, dejando las puntas colgar hacia fuera. De este pañuelo se sacaba el dinero para las limosnas en las mayordomías y los velorios así como para el gasto en el mercado. Los huaraches son de cuero pero la suela es muy delgada y para sujetarlas al pie llevan unas tiras de cuero, una de las cuales cubre los dedos, dos más se cruzan sobre el empeine y otra lo sujeta al tobillo. Conviene destacar que actualmente predomina el uso de sandalias de manufactura industrial. [30] [31] [32] [33] [34] [35] [36] [37]
SAN MATEO DEL MAR
Grupo étnico: huave.
Localidad: San Mateo del Mar.
Municipio: San Mateo del Mar.

Indumentaria femenina
El vestuario tradicional de la mujer huave se compone de enredo, ceñidor y huipil. El enredo puede ser de tono morado o rojo, el huipil es corto y sin mangas y se elabora en telar de cintura, los diseños con que se adorna pueden ser representaciones de animales y de plantas que se bordan tanto sobre el pecho como en la espalda. Estos diseños se elaboran con hilo teñido con caracol. A pesar de ser hábiles tejedoras, el huipil que se elaboraba en telar de cintura ha entrado en franco desuso; actualmente con dicho telar se tejen servilletas y lienzos con fines decorativos, enriquecidas con motivos geométricos, vegetales y de la fauna local.
Por lo general las mujeres usan amplias faldas de telas manufacturadas industrialmente similares a las descritas para San Blas Atempa y huipil de cadenilla.
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SAN JUAN GUICHICOVI
Grupo étnico: mixe.
Localidad: San Juan Guichicovi.
Municipio: San Juan Guichicovi.

Indumentaria femenina
Guichicovi es un pueblo mixe del Istmo de Tehuantepec de donde es originario un vestido compuesto de enredo de algodón rojo con angostas líneas blancas o azul obscuro en sentido vertical, sujeto a la cintura con un ceñidor y complementado con un huipil corto y angosto parecido al que usan las zapotecas del Istmo, pero que se distingue porque lleva como adorno nada más dos bandas verticales paralelas de color amarillo que corren del hombro a la orilla inferior del huipil. La prenda se elaboraba hasta hace pocos años con tela tejida en telar y generalmente era de color rojo, pero recientemente se ha empezado a utilizar tela de manufactura industrial.
El ceñidor mide dos metros y medio, lleva flecos en los extremos y sirve para ceñir la cintura y asegurar el enredo. El peinado se hace en dos trenzas que se entretejen con listones de colores encendidos, particularmente rosa. Los adornos consisten en cadenas de coral o de oro, aretes y pulseras del mismo material. Aunque algunas de las mujeres de Guichicovi andan descalzas, también hay quienes suelen usar huaraches.
Actualmente muy pocas mujeres del municipio usan este vestuario, son sobre todo las señoras mayores, quizá porque están acostumbradas a él. En su mayoría las mujeres mixes de Guichicovi utilizan más la falda istmeña que es menos costosa.
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SAN PEDRO HUAMELULA
Grupo étnico: chontal.
Localidad: San Pedro Huamelula.
Municipio: San Pedro Huamelula.

Indumentaria femenina
La indumentaria femenina de San Pedro Huamelula para uso diario consiste en un enredo que se confecciona con tela de manufactura industrial de color azul marino, elaborado con dos lienzos de metro y medio de largo cosiéndolos entre sí a máquina con hilos de color rojo y amarillo, con los que además se adorna la prenda. El enredo se fija a la cintura con un ceñidor de quince centímetros de ancho y dos metros de largo que lo sujeta firmemente. El huipil es muy corto, de apenas 40 o 45 centímetros de largo y se confecciona con manta, no lleva mangas. El escote es redondo y se refuerza con costuras hechas a máquina que se pasan dos o tres veces sobre un doblez muy angosto, quedando los hilos de la costura como adorno del propio huipil al que se añaden hasta cinco series de costuras formando líneas verticales paralelas que se unen en su parte inferior con líneas horizontales para formar ángulos rectos. Como el hilo que se usa es blanco, apenas se distingue a lo lejos. El pelo se trenza sujetándolo con tela de gasa color fiusa y dejando las trenzas sueltas. Generalmente andan descalzas o con huaraches similares a los descritos para San Blas.
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JUCHITÁN DE ZARAGOZA
Grupo étnico: zapoteco.
Localidad: Juchitán de Zaragoza.
Municipio: Juchitán de Zaragoza.

Indumentaria femenina.
En Juchitán se observa una diferenciación en la indumentaria que está marcada por la capacidad económica de los distintos estratos sociales y de la ocasión en la que se van a emplear las prendas. Una es la falda de cuchillas descrita en la indumentaria de San Blas Atempa y que actualmente se ha innovado con la introducción de faldas de corte circular que se elaboran con telas floreadas, las cuales se complementan con los huipiles de diario que son de costura y que se elaboran en una variedad de combinaciones tan amplia que apenas podemos caracterizarlas por su forma; se mantiene el uso de huipil corto con aberturas para la cabeza y los brazos, con el escote reforzado y con la cenefa que va de los hombros hasta unos diez centímetros por arriba de la orilla inferior del huipil, en donde se borda una tira horizontal que une las dos verticales. Una falda que se reserva para ciertas festividades menores, como la “lavada de olla”, es la rabona, que además de usarse en la forma normal suele tomarse en un extremo del ruedo para cruzarlo por encima de la falda en forma transversal y atorar el borde en la cintura del lado opuesto. La rabona también se utiliza con huipil de costura.
Para actividades más formales se confeccionan faldas de telas ligeras, estampadas o no, a las que se les pone un holán de encajes y que pueden complementarse con huipiles bordados con flores pequeñas que se colocan en la misma forma que los bordados de costura de los huipiles sencillos y alrededor del escote.
Los vestidos de fiesta se confeccionan con terciopelo o con satines de colores generalmente obscuros, aunque por influjos de la moda también se realizan en colores claros como el azul turquesa y el amarillo. Estas faldas van bordadas en estilos muy variados y disposiciones diversas de flores o guías de flores realizadas en hilo de seda y matizadas para hacer la prenda más bella. Esta falda lleva un holán de encaje blanco, de entre 25 y 35 centímetros de ancho, plisado y con el borde en picos que se diferencia del de Tehuantepec porque éste es recto, más rígido, con tablones y un ancho estándar. Los huipiles de esta falda deben ser del mismo color que la falda y llevar bordados motivos similares. Cuando se trata de una fiesta muy importante, se puede utilizar un huipil de fleco de oro, que es similar en su estructura al huipil de cabeza descrito para San Blas Atempa pero en lugar del holán grande se pone un fleco de oro en el extremo inferior de la prenda y en lo que vendrían a ser las mangas, aplicando en lo que es el escote una gorguera de encaje un poco más ancho que el que se usa para llevar al templo. Los adornos de este traje consisten en alhajas de oro o de coral muy elaboradas y engarzados en filigranas y en los que normalmente se usan monedas de diferentes tamaños, engarzadas con cadenas de oro o sostenidas por torzales del mismo material. El peinado se realiza con trenzas entretejidas con listones de colores contrastantes al que domina en el vestido y que se puede atar sobre la frente formando un gran moño o bien en la nuca. En el costado de la cabeza se colocan guías de flores naturales o artificiales que se disponen artísticamente para hacer resaltar la belleza de la mujer.
Prenda indispensable es el refajo, que se elabora con tiras bordadas, alforzas y encajes, todo ello rigurosamente almidonado por tratarse de una prenda que se muestra al bailar. También llevan un pañuelo en la cintura con las cuatro puntas colgando al lado derecho de la falda y que es una reminiscencia de aquel pañuelo que se usaba como portamonedas.
El calzado depende del vestido y puede ir desde el huarache hasta la zapatilla pero vale aclarar que sería una aberración usar zapatillas con enredo o huaraches con vestido de terciopelo, por lo que las juchitecas cuidan mucho la concordancia de las prendas que portan y de los peinados que se relacionan con cada una de ellas.
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Indumentaria masculina.
La tradición señala que los hombres de mediados del siglo XX utilizaban calzón y camisa de manta y un pañuelo tipo paliacate en el cuello. El calzón se sujetaba con una faja de color rojo enrollada en la cintura. La camisa era larga con un cuello pequeño doblado hacia afuera y plisada en la espalda y se usaba por fuera del pantalón, usaban huaraches de cuero. Para el diario usan un sombrero de palma de ala estrecha, pero para las fiestas se tiene a orgullo lucir sombreros de fieltro llamados “charro 24” porque costaban 24 reales, que se caracterizan por su color vino, café, tabaco o gris, ser de copa alta y puntiaguda de dos pedradas, rodeada por una soga de hilo de oro o plata gruesa y ala profunda volteada hacia arriba en cuyo borde se ponía una banda de galón de plata o de oro. Para las fiestas se utiliza en la actualidad pantalón obscuro, camisa blanca de manga larga, sombrero de galón y zapatos negros y se puede llevar o no pañuelo en el cuello.
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SANTO DOMINGO TEHUANTEPEC
Grupo étnico: zapoteco.
Localidad: Santo Domingo Tehuantepec.
Municipio: Santo Domingo Tehuantepec.

En líneas esquemáticas y a los ojos externos el estilo del traje tehuano es similar al del traje juchiteco; sin embargo, existen algunas distinciones que sirven para acentuar las identidades de las mujeres de uno y otro lugar. Entre dichas diferencias están: las características del holán que en Tehuantepec es recto y con tablones, suele tener un ancho estándar y el almidonado es muy firme, mientras que el holán de las juchitecas va más suelto, es plisado y termina en puntas; el tamaño de los bordados que en Tehuantepec suelen ser más grandes; la disposición de los bordados mismos sobre la tela; la combinación de colores y del matizado. Sobra decir que en ambas poblaciones se tienen opiniones desfavorables con respecto al otro pueblo, que más que reales son figurativas pero que están siempre presentes en el pensamiento de ambos grupos.
Además de los vestidos de diario, de media gala y de gala, está el vestido de luto que se compone de falda negra, huipil de fondo negro adornado apenas con unos cuantos hilos de costura negros, quien lo porta utiliza como adorno azabaches engarzados en collares y aretes de oro. El luto es de uso obligado por un año y durante éste no se asiste a fiestas, no se usan listones ni adornos en el pelo, las manos o los brazos y, para salir de la casa, se lleva un chal de encaje, seda o gasa. El Viernes Santo se acostumbra que un grupo de mujeres enlutadas velen al Santo Entierro de su iglesia.
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SAN MIGUEL CHIMALAPA
Grupo étnico: zoque.
Localidad: San Miguel Chimalapa.
Municipio: San Miguel Chimalapa.

Indumentaria femenina
La indumentaria utilizada por los hombres zoques no se distingue en nada de la que utiliza la población mestiza de la región, pero señalan que antiguamente las prendas eran blancas y se elaboraban con tela de algodón tejida localmente y cuya característica principal era que los pantalones tenían las piernas anchas y las camisas también mangas holgadas. Añaden que acostumbraban usar tres pañuelos bordados: uno en la cabeza, otro en el cuello y el tercero en la cintura. Las mujeres usan actualmente prendas iguales a las de las mujeres zapotecas; es decir, faldas de cuchillas de tela de algodón de color liso y huipiles cortos bordados a máquina en una serie de diseños en los que predominan las grecas y flores estilizadas. Aunque en estos bordados predominan los colores negro, rojo y amarillo, en la actualidad se ve cada vez más el empleo de una gama de colores más amplia.
Los pies los levan descalzos o con sandalias que adquieren en el comercio y el pelo se peina en una trenza que se deja suelta por atrás de la cabeza, aunque suelen emplear pasadores y otros adornos de manufactura industrial que adquieren en las ciudades, así como aretes y torzales de oro generalmente sencillos, lo que se puede atribuir más que a una moda local a los problemas económicos que enfrentan. Las niñas y jovencitas visten con prendas comerciales y utilizan zapatos, lo que marca una diferencia notable con la indumentaria de las mujeres de mayor edad.

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